La caída del consumo golpea distinto según cómo esté armada la estación

La baja en el consumo de combustibles dejó de ser una noticia puntual para convertirse en una tendencia sostenida. Junio de 2026 marcó el quinto mes consecutivo a la baja, con una caída interanual del 2,92%, y entre enero y agosto las ventas acumuladas cayeron un 2% frente al mismo período de 2025. El impacto, sin embargo, no es parejo: el deterioro alcanzó a 20 de las 24 jurisdicciones relevadas, con provincias como Santa Cruz registrando derrumbes de dos dígitos y otras, como Neuquén, creciendo pese al contexto.

Esa disparidad territorial tiene su correlato puertas adentro de cada estación. No todas absorben la caída de la misma manera, y la diferencia no pasa tanto por la ubicación como por el modelo de negocio. Se pueden distinguir tres escenarios.

Estaciones blancas o sin bandera

Son las que más sienten el golpe, y no solo por el volumen. Al no contar con el abastecimiento directo de una petrolera, muchas quedan atadas al precio de distribuidores intermedios, que en varios casos ya les cuesta por encima de lo que paga una estación abanderada por el mismo litro. El resultado es un margen que se achica desde el costo, no solo desde la venta: cuando el precio de compra está cerca —o por encima— del precio de venta de la competencia con bandera, la estación blanca queda directamente fuera de mercado en esa plaza, más allá de cuánto se esfuerce en vender.

“Hay estaciones blancas que hoy compran el combustible más caro de lo que la competencia abanderada lo vende en el surtidor. Ahí no hay gestión que alcance: el problema está en el costo de entrada, antes de que el cliente entre a cargar”, señala Juan Cerino, socio fundador de NEWEN Consultores.

Estaciones abanderadas con foco exclusivo en combustible

Tienen una ventaja sobre las blancas —abastecimiento asegurado, marca, estándares definidos por la petrolera—, pero si no desarrollaron el shop ni otras unidades de negocio, siguen expuestas al mismo problema de fondo: dependen de un volumen que viene cayendo. La bandera amortigua el golpe, no lo elimina. Son estaciones que operan bien desde lo técnico pero que no construyeron una segunda fuente de rentabilidad, y hoy esa omisión se nota en el resultado del mes.

Estaciones abanderadas con shop desarrollado y control interno

Es el perfil que mejor resiste. La combinación de una tienda de conveniencia bien gestionada con protocolos de control interno —manejo de mermas, procesos por rol, seguimiento de desvíos— le permite a la estación generar rentabilidad por fuera del surtidor y, al mismo tiempo, sostener el margen que sí queda del combustible. No es que estas estaciones no sientan la caída del consumo: la sienten, pero la absorben, porque no dependen de un solo ingreso ni de que cada litro vendido esté perfectamente controlado para no filtrarse en pérdidas evitables.

La diferencia está en la gestión, no en la bandera

El dato de fondo es que la bandera ayuda pero no alcanza. Lo que separa a una estación que resiste de una que sufre es la capacidad de diversificar ingresos y controlar la operación con rigor.

“La caída del consumo no se revierte desde la estación, pero sí se puede decidir cuánto de esa caída termina golpeando el bolsillo del operador. Ahí es donde trabajamos: en todo lo que sí está bajo control de la estación”, agrega Juan Cerino.

En un escenario donde el volumen de combustible ya no es una variable que la estación pueda controlar, la gestión interna pasa a ser la única palanca que sí está en sus manos.